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Existen 3 posibilidades a la hora de poder viajar con un animal por carretera: hacerlo en un taxi, autocar y en nuestro propio vehículo, forma más habitual y sencilla de realizar un viaje con el gato.
La
admisión de un animal en un taxi es potestad del conductor,
salvo en los casos de perros guía que pueden viajar
gratuitamente en cualquier medio de transporte siempre que lleven
cadena y bozal y permanezcan junto a su dueño; cuantas más
garantías ofrezcamos de que el gato no causará ninguna molestia
ni ningún desperfecto y, sobre todo, de que viaja bien encerrado
para evitar reacciones peligrosas, más garantías habrá de que
el conductor nos permita subir con el animal. Si se nos permite
viajar con el animal, deberemos tener presente todos los consejos
dirigidos al viaje en un coche con el gato, sobre todo si el
viaje es largo, ya que no olvidemos que el taxi también es un
coche.
Sobre los autocares y autobuses urbanos decir que salvo casos aislados no se permite en ninguna compañía viajar con animales. No obstante, son las propias compañías quien lo deciden, en cuyo caso lo suelen autorizar en el compartimento de equipajes. Pero esta única posibilidad es muy peligrosa si existe escasa ventilación por culpa de una posible mala combustión en el motor, máxime si el viaje es largo. También tienes los riesgos de la temperatura, ya que en invierno en esa zona no hay calefacción y en verano no existe aire acondicionado, aparte de que en algunos vehículos puede entrar hasta el agua de la lluvia (te lo digo por experiencia propia). En cualquier caso, el animal debe ir encerrado en alguna resistente y amplia jaula que evite que reciba golpes de las maletas de otros viajeros.
En cuanto a los autobuses urbanos, aunque depende la decisión de la compañía, lo lógico es que esté prohibido viajar con animales puesto que deberían ir junto a todos los pasajeros y este medio de transporte suele ir a reventar (consejo para viajar con tu gato: en una bolsa bien cerrada, al fondo para que lo vean pocos pasajeros y en un autobús con poca gente; si el gato viaja tranquilo y con espacio, no se entera casi nadie, y si molesta ya sabes que te tienes que bajar del autobús).
Este
medio de transporte es el más utilizado por su sencillez y
porque somos nosotros quienes debemos tomar todas las decisiones
sin depender de lo que decida nadie. Nosotros debemos decidir cuándo
parar el coche y, cuando lo precise el gato, darle algo de comer
o beber y, sobre todo, que le dé un poco el aire. Pero no hay
que olvidar que no estamos en casa y, por lo tanto, es muy
peligroso que le permitamos pasear e incluso salir de la jaula o
cesta; no se trata de un perro que necesite pasear ni hacer sus
necesidades fuera del coche.
El gato debe viajar siempre en una jaula, cesta o bolsa especial, que le proteja de posibles golpes y a nosotros de sus posibles reacciones ante un susto. ¿Dónde colocar esta cesta con el gato? El lugar más fácil de utilizar es el maletero, pero también es el más peligroso por todo lo que hemos hablado anteriormente de la ventilación y de los golpes con otros objetos (mucho cuidado con el mortal monóxido de carbono de los maleteros). El mejor sitio para dejar la cesta que facilita que el gato esté quieto y sin mareos es en una posición elevada del vehículo para evitar que incidan sobre él los baches de la carretera o los malos asfaltados disimulados con los amortiguadores, por lo que un buen sitio sería encima de un asiento, siempre y cuando la cesta o jaula vayan bien sujetas para evitar que se muevan ante cualquier frenazo brusco. Si protegemos la tapicería del asiento con alguna manta nos evitaremos desagradables sorpresas ya que, entre otras cosas, el gato puede sufrir algún mareo si no está acostumbrado a viajar en coche (conviene que haga viajes cortos antes de realizar un viaje largo para que se vaya acostumbrando).
Debemos
tener mucho cuidado con la calefacción, aire acondicionado o el
aire que entra por las ventanillas, ya que el gato se nos puede
enfriar o sufrir un shock por el calor. Especial cuidado de que
no le dé el sol. El gato no necesita ver el paisaje ni estirar
las patas, por lo que recuerda que no le va a gustar nada estar
encerrado en una cesta dado que no suele estarlo nunca y le puede
provocar claustrofobia si no puede ver nada más en el exterior
de la cesta o jaula. Aunque le veas muy nervioso, no le permitas
salir de la cesta, puesto que es posible que no lo puedas volver
a meter y que, en el peor de los casos, salga al exterior del vehículo
y sufra algún accidente; tranquilízale con voz suave porque ahí
está el secreto de un agradable viaje con un gato.
Si hacemos paradas durante el viaje, hay que recordar aparcar en una zona de sombra que no vaya a desaparecer durante nuestra ausencia, y con las ventanillas algo bajadas para que se facilite la renovación del aire. Cuidado con los posibles ladrones de coches que se aprovechan de una ventanilla bajada y, sobre todo, recordad que el gato no necesita estirar las patas, por lo que no hay que sacarlo nunca de su jaula a pasear durante todo el viaje.