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El
gato macho suele ser algo más grande y pesado que la hembra,
pero ésta no es una diferencia tan importante como para tenerla
en cuenta. Lo verdaderamente importante es el comportamiento del
gato derivado de su ciclo reproductivo.
Del macho diremos que en la época del celo su orina es más abundante y huele bastante más. Su grado de nerviosismo si no se atienden sus pretensiones de apareamiento es muy elevado, y tiende a huír de casa mientras maulla insistentemente y araña todo. Al gato macho le gusta marcar en la casa para delimitar su territorio, impregnando el lugar de un fuerte olor a orina.
Por su parte, la hembra en épocas de celo también cambia de comportamiento, volviéndose más nerviosa y con ganas de huír de casa para ir en busca de un macho. Aunque también maulla bastante más, lo que realmente la diferencia de un macho es el hecho de que la hembra no marca su territorio con orina. No obstante, es necesario recordar que es la hembra quien tiene que parir en caso de nacimiento de cachorros, por lo que su dueño es quien debe encontrar un hogar para los nuevos gatitos.
Hablando del sexo que debe tener nuestro gato en una elección siempre tenemos que tener presente la posibilidad de esterilización. Aunque esta operación se puede llevar a cabo tanto en machos como en hembras, lo cierto es que en un macho es una intervención más sencilla y más económica. Con la esterilización desaparecen todos los incovenientes que contábamos antes, tanto si elegimos a un macho como si elegimos a una hembra.