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Influencias del gato entre los VIP de los gobernantes
En el año 2002, con ocasión
de una visita oficial del Presidente norteamericano George W.
Bush, al llegar al Palacio de La Moncloa se encontró al gato Manolo
reposando tumbado en la escalinata de entrada sin dar más
importancia a la visita que acababa de llegar a su casa. Al
Presidente norteamericano le molestó el hecho de que el gato no
se pusiera firme ni mostrara señales de respeto hacia su
persona, mientras que el entonces Presidente José María
Aznar intentaba conducir al interior del Palacio a tan
ilustre invitado para evitar que se generara un conflicto
internacional por la actitud del gato.
En esta otra instantánea,
observamos al entonces Presidente del Gobierno español jugando
con el gato Manolo, mientras esperaba la llegada de un
invitado al Palacio de La Moncloa. Debía aprovechar cualquier
momento dado que a su mujer Ana Botella le gustaban los perros.
Otros casos
- Cardenal Richelieu: vivió con 14 gatos
en un cuarto contiguo al suyo (el atigrado Félimare,
el indiscreto Gazette que tenía por costumbre
orinar sobre los invitados que le desagradaban, el negro Lucifer,
el salvaje asesino de roedores Ludovic le Cruel,
el de origen polaco Ludoviska, el gato de Angora
Mimi-Paillon, el caprichoso y peleón Mounard
le Fougueux, Perruque, Pyrame, Racan,
el deborador de leche Rubis sur l'Ongle, el
amante de tomar el sol en las ventanas Serpolet,
el favorito del cardenal Soumise y Thisbe).
Sobre Perruque y Racan decir que cuando
eran cachorros saltaron desde la peluca de un académico
llamado Racan a los pies del cardenal, por lo que la
hembra recibió el primer nombre (peluca en francés) y
el macho el nombre del académico. En cuanto a Pyrame
y Thisbe, decir que fueron bautizados tras
observárseles durmiendo juntos con las patas
entrelazadas, en honor a unos enamorados de la mitología,
siendo el macho y la hembra, respectivamente. Fue
precisamente gracias a la glorificación de Richelieu
como ministro de la Guerra de Luis XIII, cuyo nombre real
era Armand Jean du Plessis, como el gato se convierte en
animal de Corte alcanzando la plenitud de su grandeza.
Aunque se distinguió por su persecución de las brujas,
fue un enamorado de los gatos. Los gatos del cardenal
eran reverenciados hasta por el mismísimo Rey de Francia.
Siempre quiso tener a mano un cachorro que era
reemplazado por otro de pocos días cuando crecía. Los
adoró tanto en vida que hasta dejó en su testamento una
importante suma a sus gatos y sus dos cuidadores, además
de una casa y provisiones. Pero la Guardia Suiza realizó
una carnicería entre ellos (cosas de la historia).
- Winston Churchill: vivió con Blackie,
Bob, Jock, Margate (gato negro
que fue encontrado en los peldaños del nº 10 de Downing
Street), Nelson (gato negro que se sentaba junto
a Churchill tanto en el Gabinete como en el comedor y
que, aunque no fuera tan valiente, fue rebautizado con el
nombre de Lord Nelson) y Tango (también
conocido como Mr. Cat o Mr. Kat). Con
relación al gato Jock decir que este gato castaño
permaneció siempre en la cama con Churchill hasta que le
llegó la muerte al Primer Ministro, quien lo mencionó
en su testamento. Una de las mayores preocupaciones de
Churchill durante los ataques a Londres era mantener a su
gato Jock a salvo e incluso asistía junto a su
amo a las reuniones del Consejo de Guerra.
- Georges Clemenceau: el Presidente francés
tuvo un persa azul llamado Prudence.
- León XII: este Papa tuvo un gato de
color gris y rojo con rayas negras llamado Micette
o Micetto que nació en el Vaticano y vivió
entre sus ropas.
- Charles de Gaulle: el político y
general francés tuvo un gato llamado Gris-Gris.
Mientras que hacia los periodistas mostraba una total
antipatía, con su gato se mostraba tierno y juguetón.
- Harold Wilson: este Primer Ministro británico
tuvo un gato llamado Nemo. Es habitual que
siempre haya gatos en la residencia del Primer Ministro,
sea quien sea quien ocupa el cargo. Al convertirse su
gato en miembro del Gabinete, se le preguntó al
embajador italiano en el Reino Unido sobre qué le gustaría
ser en caso de volver a nacer; y el embajador, ni corto
ni perezoso, contestó "Me gustaría ser gato en
Londres".
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