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El profeta de Alá, Mahoma, tuvo muchos gatos. Cuenta la leyenda musulmana que su gata favorita era Muezza. En una ocasión en que la gata dormía sobre la manga de la túnica del profeta, Mahoma prefirió sacrificar su traje, cortándole una manga, antes que despertar a su adorada gata, adormecida en sus brazos.