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Maullidos & Ronroneos

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En el Antiguo Egipto

Las creencias religiosas surgidas alrededor del gato doméstico, de las que hablaremos más adelante, estaban basadas en razones concretas. De hecho, estos animales eran muy apreciados en Egipto porque preservaban de las ratas las cosechas almacenadas para los períodos de sequía.

La mayoría de los gatos actuales son descendientes del antiguo gato egipcio (Felis lybica).

Animales sagrados

En el antiguo Egipto, los gatos domésticos eran considerados animales sagrados. Fueron objeto de culto debido a su habilidad para hacer disminuir la población de ratones en los campos de cereales del Nilo, de capital importancia económica. Los egipcios pretendían buscar el contento de Bastet, la diosa de la protección, de la belleza y del placer, del amor y la fertilidad. Esta diosa era representada con cuerpo de mujer y cabeza de gato.

Precisamente, era a través de esos ojos de felino cómo la diosa Bastet (que creían que vivía en el cuerpo de los gatos) escrutaba el alma de los hombres controlando sus acciones.

También se creía que Ra, dios del sol, adoptaba la figura de un gato cuando descendía a la tierra. Precisamente, en la antigua Heliópolis se le representaba con rostro de gato y las pupilas de su estatua, que dominaba el templo, habían sido diseñadas de tal modo que se dilatasen o encogiesen según la posición del sol, permitiendo así la determinación de las distintas fases del día. Curiosamente, en algunas regiones de China esta faceta se ha llevado a la práctica, habiendo aprendido a utilizar a los gatos como auténticos relojes vivientes, dado que calculan la hora basándose en el tamaño de sus pupilas.

La sociedad egipcia

Los egipcios guardaban luto cuando morían sus gatos. Todos los miembros de la familia se rasuraban las cejas como señal de aflicción y dolor. Si disponían de los recursos necesarios, colocaban al gato embalsamado en un sarcófago especial y lo transportaban a la ciudad de Bubastis para ser enterrado con solemnidad.

Las leyes penales egipcias eran también curiosas. Eran tan estrictas que ni el propio Faraón podía indultar a quien matara a un gato. Esto le ocurrió al rey Tolomeo XII (padre de Cleopatra), quien no pudo indultar a un romano responsable por descuido de la muerte de un gato y que terminó muriendo por linchamiento. Matar a un gato, aunque fuese por descuido, estaba más castigado que matar a un hombre, y siempre traía como consecuencia la condena a muerte. De la misma manera, las leyes egipcias obligaban a sus ciudadanos a volver a traer los gatos que se encontraran más allá de sus fronteras.

Era tal el nivel de mentalización de que había que proteger a toda costa la vida del gato que hasta, en caso de incendio, el gato de la casa era puesto a salvo en primer lugar.

Desde el mismo nacimiento de un niño, éste era consagrado a un gato y debían portar durante toda la vida un medallón con la efigie del animal.

Los gatos eran también un deporte para los egipcios; atados a correas cazaban pájaros para la mesa familiar: el amo lanzaba un boomerang que derribaba los pájaros para que el gato los recogiera y entregara al amo. Debido a su utilidad económica, y a que se creía que concedían muchos hijos, los gatos eran tan reverenciados que a veces se momificaban para enterrarlos con sus amos o en tumbas diseñadas para tal efecto.

Este respeto que sentían los egipcios hacia los gatos fue también conocido por sus enemigos. Así, el rey persa Cambises II tomó la ciudad de Pelusa gracias a que escudó a su ejército con una inumerable cantidad de gatos, hecho que provocó la rendición de las fuerzas egipcias.

Igualmente, cuando César ocupó las orillas del Nilo en el año 47 AC, los habitantes de Alejandría que se sublevaron contra el invasor, lapidaron a un soldado romano que se había atrevido a matar a un gato.

Festividades religiosas

A Bastet, símbolo del amor y de la fertilidad, se la veneraba en Bubastis y en Saqqara, en donde le levantaron un templo llamado Bubasteion. A ella eran ofrecidos los gatos sagrados. También era considerada por los egipcios como la diosa lunar, que representaba el calor que fecunda.

Los gatos que iban a ser sacrificados en honor de Bastet, eran exhibidos en una cesta para recibir el homenaje de la población, para ser luego sus cuerpos embalsamados y momificados. Finalmente, eran enterrados en los primeros cementerios gatunos existentes en Beni Hassan, Saqqara y Bubastis.

Una de las principales festividades religiosas de Egipto se celebraba en Bubastis (ciudad situada en el delta del Nilo y que llegó a ser la capital durante la XX dinastía) en honor a la diosa Bastet. Relata Heródoto que acudió allí en el s.V AC que en cada primavera participaban en ella cerca de 700.000 personas.

En 1890, en Beni Asan, los arqueólogos descubrieron un antiguo cementerio de gatos en el que se llegaron a contar 300.000 momias de gatos embalsamados. Todos estaban envueltos en vendas funerarias y colocados cada uno en un pequeño ataúd que reproducía la forma del animal.

Las gatas de la diosa Bastet eran consideradas por los egipcios como el ideal de la belleza. Por éso, el rasgado de los ojos que usaban las egipcias era una imitación de los almendrados ojos de la diosa.

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