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Cuando
nos encontramos ante una emergencia, es muy importante tener
claros nuestros objetivos a partir de ese momento. En primer
lugar, intentamos salvar la vida del animal, previniendo nuevas
lesiones y evitando daños mayores. Cuando hayamos alcanzado ese
objetivo, intentaremos reducir al mínimo tanto el dolor como las
molestias que sufre el gato, procurando el restablecimiento de su
salud. Por último, cuando hayamos conseguido nuestros objetivos
marcados anteriormente, podremos trasladar al gato con seguridad
a la consulta de un veterinario para que reciba atención
profesional, puesto que hemos estabilizado a nuestro gato.
Actuar correctamente ante estos casos de emergencia es una tarea importantísima, ya que está en nuestras manos conseguir la estabilización del gato para poder ser trasladado con garantías a la clínica de un veterinario.
Situaciones similares las tenemos todos los días cuando una ambulancia es reclamada para llevar a una persona urgentemente al hospital. Lo que hacen en el interior de la ambulancia no es curar, sino estabilizar a la persona para que su estado de salud por lo menos no empeore mientras transcurre ese precioso tiempo que se pierde en el desplazamiento.
Cuando nuestro gato se encuentre ante una situación de emergencia, no debemos perder el tiempo en diagnosticar muy precisamente los problemas que pueda padecer en su salud. Hay que valorar la situación con rapidez, analizando si corre peligro la vida del gato o si corre peligro la nuestra al intentar ayudarle. Si procede, debemos coger al gato, sujetarlo bien y alejarlo de cualquier otro posible peligro. Cuando sea preciso, hay que proporcionarle inmediatamente los primeros auxilios al animal. Si hay otra persona en el lugar, se podría poner en contacto telefónico con el veterinario y ayudar a transportar al gato, puesto que en estos casos de emergencia debemos ser nosotros quien llevemos al animal a la clínica más cercana para evitar pérdidas de tiempo, si es posible.