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Maullidos & Ronroneos

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El gato en la Naturaleza

Imagen de un riachuelo en plena montañaEl gato es una de las especies animales que se conocen. Dado que conocemos cerca de 1 millón de especies, es necesario ubicar correctamente al gato dentro del Reino Animal para poder hacernos una idea de sus orígenes, así como aproximarnos a su evolución a lo largo de la historia.

Igualmente, haremos una breve referencia en esta sección a algunas de las distintas especies que integran junto al gato la familia de los félidos (Felidae). Hablaremos de sus semejanzas, características singulares de cada especie, su localización en el mundo y sus graves problemas de supervivencia que provocan que muchas de estas especies se encuentren al borde de la extinción.

Por último, hemos preparado un reportaje que te permitirá averiguar el animal del que proceden unas huellas o determinadas señales que puedas descubrir en el campo.

Los felinos dentro del Reino Animal

Dibujo de dos gatos en plena naturalezaEn todo el mundo se conocen más de un millón de especies animales, muchas de ellas con nombres que varían confusamente de región a región. El mayor cérvido del globo, por ejemplo, que vive en Eurasia y América del Norte, llamado alce en español, recibe el nombre de elk en los países donde se habla inglés y, en cambio, en América del Norte se le conoce como moose, y la palabra elk designa otra especie de cérvido que, a su vez, es llamado wapiti en otras partes del Norte de América y ciervo o red deer en Europa. Algunos animales se designan con una serie de nombres, como por ejemplo puma, cugar, león de montaña, pantera y catamount, que son el mismo animal.

Gracias a un adecuado sistema de nomenclatura y clasificación quedan soslayadas estas confusiones. Para el zoólogo, el alce o moose es el Alces alces; el ciervo o wapiti es el Cervus elaphus, y el puma, león de montaña, etc, es el Felis concolor.

La taxonomía

La taxonomía o ciencia de la clasificación de los seres vivientes cumple dos objetivos: da nombre a cada planta y animal, y los reúne en grupos de acuerdo con el grado de afinidad aceptado. La labor de los taxonomistas no tiene fin, pues, al igual que la lengua viva desborda continuamente las reglas impuestas por la gramática, la vida, en toda su inmensa variedad, nunca acaba de acoplarse por completo al sistema convencional de la clasificación. La división inicial en reinos animal y vegetal no es muy rígida: se conocen organismos unicelulares que poseen características de plantas y animales a la vez.

El único grupo natural del reino animal es la especie, más difícil de definir que de intuir. Normalmente, se acepta que es el conjunto de individuos animales que, en potencia, pueden estructurarse en estado libre y cuya descendencia es fértil. El león, el oso polar, o el orangután, son, evidentemente, especies distintas, pero no siempre las diferencias son tan claras. Así, por ejemplo, la mayoría de los zoólogos coinciden en admitir una especie de gorila, pero otros, en cambio, consideran al gorila de montaña como una especie aparte.

La incesante aportación de nuevos datos sobre los animales exige una continua revisión del sistema de clasificación. Algunas especies poseen más de un nombre científico, y los biólogos pueden deducir, con su mejor buena fe, y cada uno por su parte, un número total de especies diferente.

A pesar de esas dificultades, la definición de especie como una población que se puede entremezclar y que tiene descendencia fértil, es aceptada como básica, aunque haya poblaciones de un mismo animal que nunca se encuentran. Al lobo de América del Norte y al de Europa, separados por el océano Atlántico, se les suele considerar miembros de una misma especie Canis lupus porque los zoólogos creen que si llegaran a cruzarse en libertad tendrían descendencia fértil.

Las especies afines se agrupan dentro de un sólo género. Así, por ejemplo, el león Panthera leo, el leopardo Panthera pardus y el tigre Panthera tigris pertenecen todos al género Panthera. El método clasificador prosigue agrupando los géneros afines en una familia; las familias afines en un orden; los órdenes afines en una clase; las clases afines en un filum, y el conjunto de filums (fila) zoológicos en el reino animal. Cualquier animal puede ser situado dentro de este sistema.

Aparte de las 7 categorías taxonómicas principales citadas, la mayoría de los taxonomistas establecen divisiones intermedias, tales como subreinos, subfilums, infraórdenes, subfamilias, etc. Por ejemplo, peces, anfibios, reptiles, aves y mamíferos se incluyen todos en el filium cordados, por poseer un eje esquelético de células especiales, llamado notocorda, al menos en alguna fase de su desarrollo. Pero como también poseen vértebras, son agrupados en el subfílum vertebrados.

El moderno sistema de clasificación proviene de la obra del naturalista sueco Carlos Linneo (1707-78), que dio a todos los animales y las plantas un nombre en latín, agrupándolos con arreglo a sus semejanzas de forma y estructura. Eligió el latín porque a la sazón era la lengua científica internacional. El propio Linneo latinizó su nombre transformándolo en Carolus Linnaeus. El sistema linneano obtuvo la general aceptación a partir de la edición, hecha en 1758, de la famosa obra de su autor "Systema Naturae".

Los principios de la nomenclatura linneana siguen vigentes. Los dos vocablos del nombre científico de un animal o vegetal se imprimen siempre con la letra cursiva (pido disculpas si cometo algún error): primero el del género con mayúscula, y después el de la especie en minúscula. Así, el nombre Canis lupus nos aclara inmediatamente que se trata de un animal de la especie lupus (lobo) perteneciente al género Canis (perro). El nombre de las familias, siempre terminado en -idae, se basa en uno de los géneros contenidos. El nombre de las superfamilias se hace terminar en -oidea, y el de las subfamilias en -inae. Así, el lobo pertenece a la familia Canidae, superfamilia Canoidea y subfamilia Caninae.

El nombre latinizado de una especie puede tomarse de fuentes muy diversas, de acuerdo con el capricho del biólogo que lo establece. A menudo, el nombre describe al animal: así, por ejemplo, la denominación latina del ave llamada tarmigán es Lagopus mutus. Lagopus alude a su aparente pie de liebre, debido a que tiene plumas en los dedos; y mutus, de mutare (cambiar), a que cambia el plumaje pardo del verano por otro blanco en invierno.

Otras veces, el nombre indica el origen geográfico: Crocodylus navaeguineae es el cocodrilo de Nueva Guinea. O bien, rememora el descubridor del animal: Monachus schauinslandi, la foca de Hawai, descubierta por el doctor Schauinsland. A veces, los nombres se toman de voces indígenas, como el Tenrec ecaudatus, cuya primera palabra procede del idioma malgache y la segunda, ecaudatus significa sin rabo. Pero muchos nombres son intraducibles; lo importante, es que cualquiera que sea su origen, una vez establecido, cumple su misión esencial: identificar inequívocamente el grupo taxonómico correspondiente.

El sistema linneano fue ideado para catalogar, sin más, animales y vegetales de acuerdo con sus semejanzas físicas. Pero en 1859, cien años después que el "System Naturae", se publicó un nuevo libro que ocasionaría una revolución en la concepción de la naturaleza viviente. En "El origen de las especies", del inglés Charles Darwin (1809-82) se estableció la teoría de la selección natural como explicación de que todas las especies vivientes han evolucionado a partir de otros preexistentes. Se vio entonces la posibilidad de establecer un sistema de clasificación en el que se agruparan los animales, no simplemente según sus semejanzas morfológicas, sino de forma que explicara cómo derivan unos de otros.

De hecho, no fue necesario rehacer demasiado el sistema creado por Linneo. Pero a veces, la evolución produce animales no afines aunque de aspecto semejante. Linneo colocó el gran oso hormiguero de Sudamérica y las ballenas en el mismo grupo superior porque todos ellos carecen de dientes, pero en términos evolucionistas estos animales no guardan la menor relación.

Después de Darwin, la clasificación dejó de ser un instrumento para denominar y ordenar plantas y animales, convirtiéndose en un compendio de parentescos, en el que se agrupan separadamente animales que han evolucionado de un antepasado común. El sistema taxonómico completo constituye, a su vez, un compendio de toda la historia de la evolución animal. En la medida posible, comienza con las formas más primitivas de vida y llega hasta las que se consideran más evolucionadas.

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